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José C. Barbero Álvarez PhD.
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    El objetivo principal del entrenamiento es la mejora del rendimiento. La relación entre entrenamiento y rendimiento deportivo es una relación directa (causa-efecto). El conocimiento de las cargas de trabajo permite analizar y evaluar la respuesta adaptativa del atleta y determinar la relación existente entre ambas variables. Por ello, la cuantificación del entrenamiento es de vital importancia de cara a programar tareas y cargas que permitan una preparación óptima del deportista para la competición.
La combinación de tres variables (volumen, intensidad y frecuencia) origina la respuesta positiva (estímulo que entrena) o negativa del organismo (sobreentrenamiento), y por consiguiente la mejora o deterioro del rendimiento.

    El volumen es un parámetro de gran importancia y fácilmente cuantificable cuando se trata de disciplinas de resistencia (ciclismo, atletismo, ski, etc.) puesto que sólo consiste en conocer el número de horas o la distancia recorrida, pero esto no es tan fácil cuando se trata de deportes de equipo en los que la mayoría de las tareas son realizadas mediante juegos o ejercicios con el balón.
Por otro lado, en la actualidad el parámetro más utilizado en la monitorización de la carga de trabajo y la respuesta fisiológica del deportista durante los entrenamientos es la frecuencia cardíaca.

    Por ello, el empleo de los nuevos sistemas basados en tecnología GPS (sistema de localización por satélite) como el desarrollado por la empresa GPSports (SPI Elite y el SPI10) proporciona una solución fiable a la problemática de la cuantificación de la carga en los deportes de equipo. Además, esta metodología integra un indicador fisiológico como la frecuencia cardíaca, la cual aparece sincronizada con la velocidad del jugador.
De esta manera, tanto en los entrenamientos como en los partidos, podemos conocer con carácter inmediato no sólo la información referente a la frecuencia cardíaca, sino que también podremos cuantificar variables como la distancia total recorrida, la distancia a diferentes velocidades, la velocidad media o el número de sprints y esfuerzos de alta intensidad, parámetros que hasta la fecha necesitaban metodologías basadas en la filmación en vídeo con un proceso intermedio muy tedioso.

    Esta información permite conocer las exigencias de cada puesto específico y programar tareas condicionales según los requerimientos de cada rol en el equipo, es decir ajustar la preparación física específica a las peculiaridades de cada jugador. También permite observar diferencias entre las líneas de un equipo (defensas y delanteros; centrocampistas y defensas) o entre jugadores de la misma línea (lateral derecho y lateral izquierdo; central y laterales). Y además proporciona un feedback al jugador acerca de su actuación durante el juego, lo que posteriormente ayudará a entrenarlo para jugar con efectividad en determinadas situaciones.

    Estoy totalmente convencido de que en el deporte profesional donde, en ocasiones, son los pequeños detalles los que marcan la diferencia entre el éxito y el fracaso, el empleo de la tecnología médica y biomecánica más moderna puede ayudar a optimizar el entrenamiento físico específico. En mi opinión, el uso de esta herramienta va a permitir una perfecta simbiosis entre el proceso de entrenamiento y el rendimiento deportivo, proporcionando información relevante para el conocimiento exhaustivo tanto de los estímulos aplicados, como de las respuestas que provocan en el organismo de los deportistas.

    Por último, señalar que la implementación de la misma tecnología empleada por la telefonía móvil permitirá, en un futuro próximo, la utilización de estas herramientas, el SPI Elite y el SPI10, en especialidades deportivas de sala como el baloncesto, balonmano o fútbol sala y que, del mismo modo, la utilización de tecnología inalámbrica (Wireless, Bluetooth®, etc.) va a proporcionar la obtención de los datos en tiempo real.

Prof. Dr. José Carlos Barbero